La comunicación
en disputa
¿Qué pasa hoy cuando las plataformas, la inteligencia artificial, las emociones y la disputa por el sentido transforman las formas de hacer política?
Este nuevo libro, publicado por La Crujía, reúne 14 capítulos que recorren los principales debates del campo desde distintas perspectivas: fundamentos teóricos, tecnología, ideología, discurso, prácticas profesionales, campañas, comunicación gubernamental, activismos, arte y tecnopolítica. Una mirada colectiva sobre un escenario en transformación, donde también se disputa la manera de comunicar, interpretar y construir lo político.
Coordinado por Víctor Taricco, director de la Diplomatura en Comunicación Política de la Universidad de Buenos Aires, el volumen reúne los aportes de 17 autores y autoras que desde distintas perspectivas, experiencias y recorridos, abordan los desafíos actuales de esta disciplina.
Coordinador
Victor Taricco
Autores
Natalia Romé, María Cristina Mata, Washington Uranga, Andrea Mallimaci, Flavia Costa, Ezequiel Ipar, Mario Riorda, Diego de Charras, Diego Villanueva, Manuel Hernández, Juan Courel, Daniel Rosso, Pablo Elián Carrasco, Luis Sanjurjo, Fernando González Ojeda, Federico Vázquez.
Colaboradores
Lucas Zalduendo, Paula Onofrío, Mariana Gómez Triben, Fernando Almansi, Angelina Arenas, Tomás Armani, Karina Batallan, Dante Biggeri, María Julieta Colomer, Julia de Titto, Conny Guillodes, Micaela Fleita, Mariana Liut y Micaela Sampietro.
Un presente en disputa
“En los últimos años, la crisis de las mediaciones tradicionales se ha combinado con transformaciones aceleradas del ecosistema comunicacional, alterando de manera sustantiva las formas de intervención política y de construcción de legitimidad. En este contexto, uno de los rasgos más significativos del tiempo actual es el retorno explícito del uso de la fuerza como recurso legítimo para la resolución de los conflictos”. Con esta idea comienza La comunicación política en disputa, un libro que invita a pensar los cambios profundos en las formas de construir sentidos, vínculos y legitimidad en el escenario actual.
¿Cómo se construyen hoy un mensaje y un público para la conversación política, cuando la confrontación, las emociones y la incertidumbre parecen dominarlo todo? Durante gran parte del siglo XX, los medios masivos de comunicación ofrecieron un soporte robusto para la comunicación política: producían agenda, jerarquizaban temas y encuadraban los conflictos. En los últimos años, sin embargo, ese horizonte de sentido compartido atravesó transformaciones profundas: el avance de las plataformas digitales, las economías de la atención y la circulación acelerada de discursos modificaron el modo en que nos informamos, debatimos y hacemos política.
En un presente saturado de antagonismos y narrativas simplificadoras, la disputa por el sentido se vuelve parte constitutiva del conflicto político. La comunicación política en disputa propone abordar estos desafíos articulando teoría y práctica a partir de experiencias concretas, debates colectivos y trayectorias diversas. Lejos de clausurar definiciones, las miradas reunidas en este volumen invitan a pensar los problemas contemporáneos del campo en toda su complejidad.
Lo que viraliza no convence
“En la política del scroll infinito, las métricas de viralidad dicen muy poco sobre lo que realmente mueve un voto.
Esta investigación de ComPol-UBA analizó cómo el electorado argentino reacciona ante los spots de campaña: 4406 ciudadanos y ciudadanas, 52 piezas audiovisuales y más de 15.000 interacciones evaluadas, con una metodología propia que combina análisis cuantitativo, escucha del vocabulario ciudadano e inteligencia artificial.
El resultado es una cartografía inédita de las gramáticas de reconocimiento del electorado -qué acepta, qué rechaza y qué lo deja indiferente- y un conjunto de criterios concretos para las campañas que vienen. Datos, no opinión.”
Director de la investigación
Mg. Taricco, Victor
Investigadores principales
Lic. Villanueva, Diego; Mg. Onofrio, Paula; Lic. Romeo, Martín, Mg. Gómez Triben, Mariana
Investigadores alumnos
Lic. Luna Vitale; Lic. Acosta, Sofía; Lic. Berenguel, Carla; Lic. Bussano, Agostina; Cerna, Luciana; Lic. Cirigliano, Trinidad; Lic. Crescente, Catalina; Lic. D’Alessio, Lucila; Lic. De Marco, Soledad; Lic. Dupont, Florencia; Lic. Dupraz, Estefanía; Lic. Goita Neiburg, Anais; Lic. González, María del Carmen; Lic. Granzella, Valentina; Guzmán, Luciana; Klimbovsky, Martin; Larramburu, Micaela; Lic. López, Camila; Lic. Mazzara, Inés; Lic. Merlino, Florencia; Lic. Oviedo Garbiso, Noel; Lic. Partemi Facundo; Lic. Ponzo, Antonella; Lic. Remotti Collazo, Ariana; Lic. Solari, Lucila; Soto, Silvina; Lic. Taranto, Florencia; Torres, María Eugenia; Lic. Tula, Lucila; Lic. Ulloa, Selene; Varela, Victoria; Lic. Vega, Andrés; Lic. Vega, Florencia; Lic. Volpini, Carla
Muestra de 4406 casos · 52 piezas audiovisuales · 15.175 interacciones evaluadas
Un territorio sin cartografía
Desde la vuelta de la democracia, a principios de los años 80, las encuestas fueron construyendo su lugar como el principal instrumento para enunciar dos cosas a la vez durante un proceso electoral: qué va a pasar y cómo hay que comunicar. Ese proceso no fue inmediato ni automático: requirió, como ha documentado Gabriel Vommaro (2007), un trabajo sostenido de persuasión hacia dirigentes partidarios y periodistas, y se consolidó en el contexto de una transformación más amplia del espacio de la comunicación política argentina. La primera de las dos preguntas sigue siendo tratable: una buena encuesta puede proyectar resultados electorales con márgenes aceptables de acierto. La segunda se fue volviendo cada vez más opaca a medida que el ecosistema audiovisual desbordaba el modelo de comunicación masivo del siglo XX.
La ciudadanía ya no es la destinataria de mensajes que llegan principalmente por un conjunto de medios de comunicación con lógicas relativamente previsibles y márgenes de atención controlables. Actualmente, las personas, en tanto usuarias son parte de una línea de tiempo infinita, están expuestas a decenas de piezas de origen diverso, casi todas fragmentarias, muchas producidas por ellas mismas o por sus círculos cercanos, la mayoría ordenadas por algoritmos cuyos criterios de selección permanecen opacos.
En ese entorno, la atención deja de ser una constante y se vuelve un recurso escaso que cada ciudadano decide otorgar o retener según sus propios criterios. Las encuestas de preferencia pueden decirle a un equipo de campaña qué porcentaje de electoras y electores está a favor o en contra de una candidata o candidato. No pueden decirle qué clase de pieza audiovisual hay que producir para que esa persona se detenga, preste atención y, eventualmente, cambie de opinión.
Si las encuestas funcionaron históricamente como un indicador capaz de hacer legible el campo político, lo que este estudio postula es que ese mismo campo requiere hoy un indicador de otra naturaleza: uno que opere no sobre las preferencias declaradas sino sobre las condiciones concretas del reconocimiento audiovisual. Ese segundo campo es el que este informe intenta cartografiar.
